24 horas en el lab

Aún no ha salido el sol, pero da igual. Siempre está encendida la luz de los fluorescentes, esos que hacen que tu piel parezca gris incluso en una de las ciudades con mayor número de días de sol del hemisferio norte. Da igual si es lunes o domingo, siempre hay luz en el laboratorio de la quinta planta, porque siempre hay trabajo.

Pipetea una, dos y hasta noventa y seis veces una cantidad ínfima de líquido incoloro en uno, dos y hasta un número equivalente de tubos también transparentes, mantén siempre en hielo, no debes permitir que un cambio en la temperatura de los reactivos empiece la reacción antes de tiempo. Eso no. Y controla que cada tubo contiene exactamente el microlitro de muestra que debe. La secuencia siempre la misma, internalizada desde hace meses: control negativo, control positivo, muestra. Sin cambios, como un autómata, sin pensar.

Placa lista. Ahora pon a punto el programa…¿cuál toca hoy? Si. El número 2. Dos horas y media de espera hasta que la lavadora…no, espera. El termociclador, termine de amplificarme el DNA. Mientras, prepara un par de placas, cambia el medio de cultivo a las células y, si queda tiempo, deja el gel preparado para correr las muestras de la PCR(reacción en cadena de la polimerasa) que acabas de poner. ¡Ah! y cruza los dedos para que el termociclador no falle a mitad de programa, la PCR salga como debe y no tengas que repetir por enésima vez el proceso.

Parece que el termociclador se ha portado. No hubo tiempo de preparar placas aún pero siempre puedo hacerlo cuando termine con esto. Con la comida. Con el sandwich frío de la máquina del fondo del pasillo, que me como delante del ordenador mientras respondo el último email del jefe, que no descansa ni en vacaciones. “El resultado del experimento…en 2h:15m:37s”, que es el tiempo que le falta a mi gel, más la interpretación de los resultados. Si va bien y el control positivo tiene una banda del tamaño adecuado, el negativo está limpio y mis réplicas contienen la banda esperada puedo volver a escribir a mi jefe y decirle que por fin tenemos el resultado que buscábamos. Y entonces…entonces me permito salir antes de la puesta de sol. Me merezco un premio. Claro, cuando termine de preparar las placas y planear los experimentos de mañana.

Imagen de un gel de agarosa con muestras de DNA teñido con bromuro de etidio. El carril del extremo izquierdo contiene la guía de tamaños de las bandas amplificadas (en el caso del ejemplo) por PCR.

Y si no…si no, habrá que volver a repetir el mismo proceso de la mañana. Pipetea, plaquea, espera…y reza (ojalá existiera un Dios de los científicos desesperados al que acudir, pero me temo que anda apagado o fuera de cobertura).

El control positivo sale negativo. El jefe contesta desde su paradisíaco retiro que necesitamos un resultado positivo ASAP (o sea, ¡YA!) e incrementa mis niveles de estrés otros 3 puntos más. Llevo más de 7 horas en el lab pero no importa: REPETIMOS. Además, pienso con optimismo, así me dará tiempo a ponerme al día con la literatura y…

Bueno, seguro que al menos hoy llego a coger el último metro ¿no?
*Nota: Aunque ficticia, esta historia contiene elementos comunes a la experiencia de cualquier persona que trabaje en un laboratorio de Biología Molecular, al menos en cuanto a carga de trabajo y estrés, aunque no todos estén presentes siempre en todos los laboratorios.

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