Diálogo mudo. Porque a veces las palabras sobran
El otro, hombre o mujer, siempre muerto. Cada día en su mesa se repite el cuento. Un convidado de piedra que no dice nada pero cuya sola presencia es historia. El olor a alcohol. El frío. Y lo peor de todo: el silencio. A menudo intenta entablar conversación, entender qué hizo llegar hasta su mesa…