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Viernes de agonía

Llevo tiempo concentrada en una sóla idea: terminar mi tesis. Llevo unos cinco meses encerrada en casa analizando y reanalizando datos, intentando darle forma al trabajo de los primeros seis meses de este año para poder sentarme a escribir de una vez las conclusiones de estos cuatro años de trabajo, pero la cosa se retrasa. Como suele pasar tan a menudo en este negocio, calcular tiempos a priori es arriesgado y mis previsiones a la baja han saltado por los aires ya en dos ocasiones. Quiero terminar. Quiero que llegue el día de entregar el tocho de papel con mi nombre en la portada que signifique el principio del fin. Incluso deseo que llegue el día de mi examen. Aunque suponga otro par de meses de estudio.

Además de esta sensación de parálisis, y de angustia por una meta que parece alejarse a medida que me acerco, está la frustación acumulada de estos más de cuatro años de trabajo en un ambiente que me resulta totalmente ajeno, donde la capacidad de expresión de ideas propias, de disensión, de discusión, prácticamente no existe. Cada viernes mi paciencia y mis niveles de tolerancia y aburrimiento se ven puestos a prueba durante más de tres horas seguidas. Medio día de discusiones circulares sobre temas que, en general, no me interesan, y en las que los puntos de vista de la mayoría, o de los que dominan el cotarro, adolece de fallos conceptuales graves, porque olvidan que para su desgracia, trabajamos con un sistema biológico, no físico (o no únicamente físico) y que un humano no es un ratón.

Para muestra un botón. En una discusión sobre un artículo sobre las famosas neuronas que señalan posición en el espacio, tema estrella del laboratorio desde el anuncio del premio Nobel de este año (por algo tenemos una colaboración con ellos, hay que tirarse el pisto), hay quien no consigue comprender porqué las respuestas neuronales en una realidad virtual son diferentes a las que genera el campo de entrenamiento real, cuando ambos campos son: ¡diferentes! Lo único que comparten el campo real y el virtual es el mismo tamaño, todo lo demás diverge. Además, en la realidad virtual el pobre animal sólo puede mover libremente la cabeza, porque el cuerpo está sujeto por un arnés que no le permite girar el cuerpo, lo que obviamente compromete la propiocepción (sentido que informa de la posición de los músculos y del cuerpo); sin embargo, a algunos les parece impensable una razón por la que el arnés pueda ser problemático porque el sistema vestibular del equilibrio está en la cabeza, y ésta se puede mover libremente…Aún hay más, casi todo el mundo estaría de acuerdo en que un ratón/rata no es lo mismo que un humano. Cualquiera que lleve años trabajando en neurociencia, y más con el ratón como modelo debería saber que mientras la visión es un sentido bastante importante en humanos en ratones es un sentido bastante mediocre -en comparación- (ref.), y que si nosotros tenemos problemas para ajustar la percepción a escenarios de realidad virtual, imagínense un ratón que carece de la misma agudeza visual y cuya profundidad de campo es muy diferente de la nuestra. Sin embargo, para algunos todo lo que funcione en humanos/primates ha de funcionar en ratones/ratas. Por huevos. ¿¿¿¿¿?????

Por supuesto, mientras escucho todo esto, mi cabeza se debate entre a) coger la puerta y marcharme b) reproducir la escena donde Leonardo di Caprio acaba con sus compañeros con cierto arma de fuego c) levantarme y llamar a todos idiotas d) hacer un comentario mesurado y conciso sobre porqué pienso que están equivocados e) callar y refunfuñar para adentro.

Todos sabemos que la respuesta correcta ante esta situación sería la opción d) pero en el ambiente de mi laboratorio no se aceptan cierto tipo de disensiones, menos viniendo de un pobre doctorando y menos aún cuando la opinión a disentir es la del gorila de espalda plateada, así que suelo optar por la opción e) y así cada viernes sufro en silencio haberme metido en este mundo hace ya más de cuatro años.

Hoy es viernes, y mientras leéis esto es más que probable que esté revolviéndome en mi silla, mordiéndome un puño y tachando días en mi calendario mental. Cada día un poquito menos.

4 thoughts on “Viernes de agonía

  1. Hola Rosa,

    Mira que he visto el título del post en tuiter y sabía ya de qué iba y por qué me iba a sentir identificada. No hay mucho que te pueda decir, has expresado perfectamente un problema muy común de los doctorandos, que prosigue cuando pasas a postdoc (y sigue generando incluso más frustración), e incluso cuando se supone que ya tienes un estatus algo más senior. Creo que el problema de muchos científicos espalda plateada es que sus largos años enfocados en un único tema y su probable desconexión de lustros del laboratorio, de ver las cosas reales, de observar los datos en crudo, de partirse los cuernos en la poyata, los alejan bastante del análisis desapasionado, objetivo, de intentar buscar explicaciones alternativas a los problemas más allá de la que ellos tienen en la cabeza. Los datos nunca son tan bonitos como sus teorías.
    Pero creo que ambas hemos pasado por el CRG (me suena tu nombre de los posters de mi pasillo) y hemos sobrevivido. Eso debería bastar para convencerte de que a la tesis también sobrevivirás.

    Un saludo y un ganbare (http://web-japan.org/kidsweb/language/quickjapanese/quickjapanese19.html)

    Carmen

    1. Hola! gracias por el comentario. No se cómo ni porqué no lo vi hasta ahora. Me alivia pensar que no soy la única que siente esto y me sorprende lo pequeño que al final es este mundo. Así que el CRG? Lo echo de menos….Un saludo y gracias por el ganbare!!

  2. Hola. Bueno, céntrate y ánimo. No conozco un solo doctorando (experiencia propia incluida) que no llegue “quemao” de alguna manera al final de tesis. Luego todo se renueva y aparecen mejores retos y ganas de seguir. Afortunadamente.
    Sobre las diferencias interespecíficas que hay que tener en cuenta cuando se utilizan determinados modelos animales, el problema está en la base de la anatomía y fisiología comparadas, formación e información que tristemente no todo el mundo se preocupa de conseguir. Y, en algunos casos llega al absurdo como bien describes. He sido testigo de más de un mal entendido/error al ver un proyecto escrito que pretende determinadas similitudes entre especies que no son reales, y muchos artículos con discusiones que van más allá de los resultados reales. En cualquier caso, también hay que matizar que existen muchas similitudes y paralelismo entre especies que hacen que la investigación luego pueda ir pasando etapas hasta llegar a ser “translacional” (gran palabro de moda que encontramos en proyectos de forma obligatoria y en artículos de alto impacto).
    Finalmente, comentarte que ese gorila de espalda plateada se encuentra en muchos más sitios de los que nos gustaría… véase no solo en laboratorios o centros de investigación, sino también en grandes blogs y plataformas de divulgación “científica”, donde aportar información y opinión basada en datos que pueden contradecir o estar en oposición a lo que el gurú de turno expone es ser un troll, tal cual. Se ha perdido la capacidad de discusión, no se entrena en los laboratorios ni en los blogs, plataformas virtuales ni en las tertulias. Nadie afirma haber aprendido de una discusión más que su propia opinión, y nadie afirma haber cambiado de opinión a la luz de unas razones más fuertes, o apoyadas en datos más concretos y verificados que los propios.
    Así es la especie y la sociedad que se está formando en la era de la información y las tecnologías. En realidad es un fenómeno para reflexionar.
    salud y ánimo, la tesis no es el final… es justo un principio desde el que empezar otra etapa.

    1. Hola! gracias por los ánimos. Y si, tienes razón. La capacidad de diálogo, de discusión abierta, de aceptar opiniones diferentes y de reconocer el error cada vez es más escasa. Parece que equivocarse es una muestra de debilidad imperdonable en este mundo de hoy y lo que ocurre es lo que tenemos: un montón de políticos corruptos y de incompetentes a los que nadie se atreve a llevar la contraria incluso aunque lo que digan no tiene pies ni cabeza, porque quien manda manda, aunque haya llegado allí por razones que poco tengan que ver con la propia valía. Un asco. Pero yo espero que la cosa cambie en algún momento, por lo pronto yo sigo equivocándome 😛 y reconociéndolo. Un saludo.

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