Un giro de 360 grados.

Estoy de vuelta. Al menos de cuerpo presente. 360 grados porque al final no me he movido del sitio. Me he ido de vacaciones cruzando media Europa por carretera, he cumplido con la familia, me he jartado a comer rico y hasta he cambiado de color (aunque el moreno esté ya borrándose de mi piel junto con el recuerdo del sol). Lo que no he conseguido ha sido descansar. He vuelto tan cansada como me fui, y aunque éste es un tipo de cansancio agradable, dulce, no quita para que la vuelta al trabajo se haga doblemente dura. Por un lado, al llegar me estaban esperando los millones de células por identificar que dejé olvidados en el ordenador y por el otro las prisas por acabar, especialmente por confirmar que por fin se han acabado los días de microscopio y oscuridad, hacen que sin apenas ser consciente de cómo, esté de nuevo en el punto de partida: necesito vacaciones. De las de verdad. De esas en que uno consigue desconectar de todo y de todos, donde el reloj no marca las horas, donde la prisa no existe, donde es el sol el que marca el ritmo y en el que el descubrimiento y la sorpresa lo dominan todo. No tendré la suerte de pegarme unas de ésas en lo que queda de verano me temo, asi que tendré que apurar el ritmo aunque sea simplemente para poder disfrutar de ese caramelo esperándome en la meta.

No me siento demasiado motivada para bloguear, entre otras cosas porque en breves me tocará ponerme a escribir el tocho más aburrido de mi vida y sólo de pensarlo se me quitan las ganas de acercarme a un teclado. Por otra parte, un par de temillas de actualidad científica han llamado mi atención en los últimos tiempos así que igual me arranco la pereza y os cuento de qué va la última cagada editorial de Nature y la otra vez, falsa historia de las células madre.

Por lo pronto yo me vuelvo al ordenador a intentar extraer información útil de los últimos meses de trabajo sin sacrificar mis ojos -ya me he ganado una infección ocular de tanto contemplar la pantalla- y a disfrutar haciendo algo de cacharreo en el laboratorio, que después de tantos años por fin puedo hacer algo divertido: ¡una tinción de Nissl! Viva lo retro. Si queda bonita, ya pondré por aquí una fotillo de la retina en cuestión.

Nos vemos por aquí…y por aquí también: Naukas 2014. Que este año vuelvo a estar invitada. ¡No os lo perdáis por nada del mundo!

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