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Tiempo en contra

No se cómo pero mis días parecen sufrir procesos de expansión y compresión que escapan a mi capacidad de comprensión. Hay momentos en que parece que las agujas del reloj apenas se mueven y sin embargo cuando me quiero dar cuenta son las 7.30 de la tarde y mis energías han tocado fondo, y ya ni ganas de pasarme por aquí a pesar de que se me acumulan los temas guays sobre los que escribir. Y es que en los últimos meses se ha descubierto que algunas plantas utilizan neurotransmisores como los que emplea nuestro sistema nervioso para transmitir información, tan sólo ayer leí que en casos especiales es posible heredar DNA mitocondrial por vía paterna, e incluso que puede que haya bacterias en nuestro cerebro.

 Si encuentro un ratito igual os comento algo más de estas noticias o escribo el post sobre los premios de fotografía científica de Nikon, que este año voy tardísimo, y si no pues tendréis que disculparme que vaya tan de culo pero hasta que no organice el tetris de mi vida, esta pieza seguirá algo descolocada. 

Sin más rodeos, voy a dar por terminada esta pseudo-disculpa auto-exculpatoria de porqué el blog está más muerto que vivo. Ahora que entramos de lleno en la época de las promesas, los buenos propósitos y los aires de cambio, espero que el próximo año podamos vernos más a menudo. Que hecho inmensamente de menos, el cosquilleo de las teclas en los dedos y el chisporroteo de la neuronas en acción. 

¡Hasta más ver!

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