Querida Isabel (Preysler) se te ve el plumero…estooo, el Photoshop.

Sala de espera del dentista. Abre una revista, cualquiera. Deja que tu mirada se pose sobre la cara de esa mujer, o de ese hombre, tan tan guapos. ¿De verdad existen personas así en el mundo?

La respuesta es que desde que Photoshop vino a iluminar el mundo de la fotografía, es difícil saber si lo que ven nuestros ojos es realidad o sólo una (otra) ilusión visual.

Muchas voces se han alzado en contra del uso indiscriminado de Photoshop en los medios, aduciendo, entre otras razones, que los modelos presentados por las imágenes alteradas con Photoshop representan un ideal de belleza y/o perfección que puede operar como agente causal de trastornos como la anorexia o la bulimia (por no hablar de la vigorexia o de la adicción al bisturí, pero esa es otra historia). Aunque implicar que la culpa enfermedades psicológicas tan complejas como las anteriores es del Photoshop me parece simplemente absurdo. A día de hoy casi cualquiera sabe borrarse los granitos o las ojeras con Photoshop así que imaginar que un profesional te pueda cambiar el color de los ojos o alinearte los dientes mejor que un año de ortodoncia no sorprende a nadie. Si no, recordad la campaña de Dove.

Ahora, detectar el nivel de photoshopeo a que ha sido sometida una foto no es fácil, o al menos no lo era hasta ahora. Dos informáticos de Darmouth han desarrollado un método para analizar el grado en que han sido modificadas y en base a éste, poder clasificar las fotos . El trabajo ha sido publicado esta semana en la revista PNAS. Pero ¿por qué es importante saber cuánto Photoshop hay en la foto de la portada del último Hola? ¿no basta con saber si HAY Photoshop?

Hoy en día SIEMPRE (si no casi) hay Photoshop en la fotografía de moda y belleza, la diferencia radica en si la modificación crea una muñeca Barbie o sólo le arregla la mala cara a una resacosa Kate Moss. Por eso la petición de legislación llevada a cabo por algunas feministas europeas (principalmente británicas, noruegas y francesas) de indicar todas las fotos que hayan sido retocadas no solucionaría el “problema ” de falsos modelos que pretenden resolver, mientras que un sistema de gradación como el propuesto por Farid y Kee, los autores del trabajo en PNAS, daría un grado de credibilidad mayor o menor a según que fotos.

¿Por qué será que nos gusta tanto parecer lo que no somos? ¿Por qué parecemos ser incapaces de aceptar el paso del tiempo? ¿Por qué la imagen es un arma tan fuerte en nuestra sociedad? Todas estas preguntas son mucho más interesantes y más difíciles de responder que el mero “fenómeno Photoshop” porque no podemos culpar al pincel de las debilidades de los modelos.

Algunos ejemplos sacados directamente del artículo en PNAS

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