Programados desde el útero

Así ando…via erepublik

Estos últimos meses ando como pollo sin cabeza y es que en el laboratorio no doy abasto. Entre experimentos, análisis, preparar charlas y “retiros” no me queda tiempo nada más que para disfrutar a ratinos del recién estrenado verano.

Pero basta de excusas. Aprovechando una de mis “deberes” para el labo, he dado con algo que me ha parecido tan interesante como para compartirlo por aquí.

Se dice que una madre lo da todo. Incluso cosas de las que es menos que consciente, ya ya desde que no somos más que un montón de células en el útero. Lo que hasta no hace tanto no se sabía es que los efectos de ese “ratito” de nuestra existencia se mantienen durante tanto tiempo. Tanto que algunos los transmitimos a nuestra vez.

Ya desde ahí mamá nos marca

Una de las cosas más estudiadas es lo que respecta a los efectos de la dieta de mamá en el desarrollo de enfermedades como diabetes y obesidad de adultos, puesto que se ha visto esta correlación tanto en humanos (Seki, et al 2012) como en modelos de laboratorio donde se ha visto cómo tanto la infra-alimentación como la obesidad materna o el consumo de dietas altas en grasas producen cambios epigenéticos en el hígado, páncreas y en regiones cerebrales relacionadas con el metabolismo y la regulación del apetito.

Antes de seguir adelante debemos hacer un pequeño aparte para explicar qué es la epigenética. Porque la razón por la que lo que mamá hace afecta al “comportamiento” de nuestros genes de adultos, e incluso puede transferirse a la descendencia es porque aunque los genes mandan mucho, para que puedan hablar alguien ha de destaparles la boca. Y digamos que la epigenética modifica quién, cuando, cómo y dónde habla. La epigenética es el vínculo entre el medio (lo que comemos, bebemos, respiramos y experimentamos) y nuestros genes. Y en algunos casos, estas modificaciones, que afectan al DNA pueden heredarse, si están en óvulos o espermatozoides.

De una forma más concreta estas modificaciones incluyen adición de grupos metilo a ciertas bases del DNA (metilación) o modificaciones sobre las histonas (acetilación, metilación…) que son las proteínas que empaquetan el DNA para que no esté por ahí todo enredado hecho un lío. En una célula humana hay hasta 3 metros de ADN (fuente) así que imaginad si aquello no está bien empaquetado el tamaño que tendrían nuestras células. Si el gen que codifica una proteína particular está en un lugar cerca de donde existe una de esas marcas epigenéticas ya sea sobre el propio DNA o sobre las histonas, lo que ocurre -más comúnmente, aunque lo contrario también es posible- es que estas marcas cierran el paso a la maquinaría que permitiría leer ese gen y esa proteína no se expresa. A partír de ahí, el efecto puede ser obesidad, diabetes, esquizofrenia…o nada.

Fin del rollo. Volvemos a mamá. El estrés no beneficia a nadie – a menos que estés corriendo delante de un león, entonces mejor que estés un poquito estresado- y una mamá estresada puede producir en su futura prole problemas de comportamiento tan variados y tan puñeteros como déficit de atención o cognitivos, depresión, autismo o esquizofrenia (Harris and Seckl, 2011). Esto se ha demostrado también en animales de laboratorio donde se ha visto que estos efectos tienen que ver con una mayor concentración de hormonas de estrés circulantes durante el embarazo (cortisol en humanos, corticosterona en ratas) lo que produjo modificaciones epigenéticas tanto a nivel del eje hormonal regulado por esta hormona como a otros niveles cerebrales, por ejemplo sobre el eje serotoninérgico, contra lo que dirigen la mayoría de antidepresivos actuales, por cierto.

Mi mamá me mima. ¡Ay, cuánto amor!

A todos nos gustan los mimos de mamá. Y no es sólo que nos gusten, es que son tan necesarios que ya desde el principio de nuestra vida pueden cambiarnos para siempre. Se ha visto en ratas que los hijos de “buenas” madres (que son aquellas que les lamen y les limpian mucho) tienen menor respuesta al estrés y menos síntomas de ansiedad que cuando sus madres “pasan” de ellos. Se ha visto que estos hijos hipersensibles al estrés lo son por una actividad elevada del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, lo que se ha asociado a también, como los efectos prenatales anteriores, a cambios epigenéticos.

Leer artículos científicos da para todo, hasta para aprender para la maternidad, así que a quien esté en esas, espero que se tome las cosas con calma, que ya hemos visto cómo las consecuencias de ciertas “pequeñas” cosas van pa largo. Y a los que aún vemos todo esto como realidad-ficción, pues nada a tomar nota pa cuando llegue el momento. A aprender buenas costumbres desde ¡ya!

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