No todos somos iguales ante el estrés. O qué podemos aprender de un pequeño gusanito

Uno de esos días de no parar, en los que el corazón parece que quiere salirse del pecho porque no hay manera de llegar a tiempo, de dejar hecho todo lo que el jefe ha pedido antes de la súper presentación de última hora que hay que dar a los inversores; todos sabemos que si alguien viniera a medirnos los niveles de estrés posiblemente romperíamos el medidor. Si entonces ese alguien dijera que, de hecho, un poquito de estrés es beneficioso . ¿Lo creerías?

Imagino que en ese momento, lo primero que se te pasaría por la cabeza sería que ese tipo te está tomando el pelo o que sólo quiere animarte un poco, sin embargo, el trabajo de Olivia Casanueva, en el CRG (Centro de Regulación Genómica), parece demostrar que, al menos en el caso de gusanos, sufrir un poquito merece la pena.

C.elegans

Lo que Olivia hizo fue coger unos gusanos, de la especie C.elegans, que tenían mutados dos genes: uno, producía efectos variables en el desarrollo, por ejemplo, una cabeza más grande de lo normal, o la forma o la longitud del cuerpo anormales…y otro, que aumentaba la producción de unas proteínas de nombre HSF-1 (heat shock factor 1), que protegen frente a los efectos del estrés…térmico (entre otras cosas). O sea frente a los efectos de encontrarte de repente a -12ºC o de meterte en una sauna a 70ºC.

Y después, ¿qué? pues estresó a los pobres bichos. ¿Cómo? poniéndolos a “calentar”, para provocar la respuesta protectora mediada por estas proteínas (HSF-1). Después los miró para ver cómo eran y si eran más o menos deformes que si no tenían más de esta proteína.

 La mutación en este caso producía un mayor número de vulvas (órgano por donde “pone” huevos)

Aunque todos los gusanos de esta especie son genéticamente idénticos, esto es, clónicos (siiiii como la oveja Dolly), Olivia vió que no todos producían la misma cantidad de proteínas protectoras (HSF-1) en respuesta al calor y que la cantidad de estas moléculas se correlacionaba con la resistencia a las mutaciones, es decir, los gusanos que producían más HSF-1 se veían más “normales”. Curiosamente, estos animales más resistentes al estrés y por ende, más resistentes a los efectos de ciertas mutaciones, eran menos fértiles que los “débiles” frente al estrés. Esto es lo que se llama un mecanismo de compensación. No se puede tener todo, me temo.

Si esto fuera un periódico amarillista, el titular a destacar sería algo así como: “El estrés es sano” o “No hay nada que por bien no venga” pero lo realmente destacable de este trabajo es que pone de manifiesto lo ventajoso y lo extendido de las variaciones individuales que existen en cuanto a la expresión génica y cómo no se trata tan sólo de qué letras hay en la sopa sino de cuántas de cada hay para hacerla tóxica. Igual que la informática, la genética tampoco es fácil. Pero poco a poco avances como éste ayudan a comprender el mejor el “libro de la vida”. Un gran trabajo. ¡Enhorabuena!

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