No sonría, por favor

La semana pasada tuve que dar mi primer seminario de departamento en el Instituto donde trabajo, como ya llevo más de dos años reconozco que sentía bastante presión porque quería dar una buena impresión y demostrar que, a pesar de la falta de resultados, estoy haciendo un buen trabajo. Porque sí, amiguitos, en ciencia a veces por mucho que te dejes los cuernos -y alguna que otra neurona- con tu proyecto, tu microscopio, tu poyata o tu ordenador las cosas no salen como uno quiere. Y los resultados se hacen esperar. Uno, dos años, casi tres.

Careto óptimo para dar una charla en mi instituto.

Pero vayamos al grano, mientras preparaba la presentación hubo un debate a muerte dentro de mi cabeza no tanto sobre contenido como sobre forma. ¿Por qué? Pues porque si alguno de vosotros se ha leído mi bio, trabajo en Alemania, en un instituto que aunque se vanagloria de su internacionalidad es más alemán que un Bratwurst y una Mass a las 12 de la mañana. Y ¿qué significa eso? Pues que el humor está fuera de lugar en el trabajo. O sea, que la ciencia para que se tome en serio ha de ser un coñazo. Por eso para conseguir que la gente vaya a estos seminarios tienen que ofrecer café y galletitas gratis, porque si no no hay Dios que lo aguante. Así que la duda estaba entre contentar al establisment haciendo una charla a su gusto (eso obviando el hecho que estamos obligados a usar un diseño de diapositiva corporativa, no sea que tengamos personalidad propia) o dar rienda suelta a mi estilo y contar mi ciencia a mi manera. Que no por ser entretenida es menos ciencia. Ni yo una peor profesional.

Habrá quien piense que el humor está bien para comunicar ciencia para el resto de los mortales, y que entre nosotros, los pofesionales, sobran los chistes. Pero no. Los científicos, aún siendo raros, especiales… también somos humanos -bueno, unos más que otros- y desde luego la mayoría valoramos una persona capaz de hablar de su trabajo de una manera interesante y sin duda, si es capaz de demostrar un poco de sentido del humor, mejor que mejor, aunque sea friki. O mejor si lo es. Que al fin y al cabo somos científicos.

Así que las cartas estaban echadas, iba a hacer una charla entretenida. Y creo que gustó. No vi a nadie dormido y hasta arranqué algunas sonrisas, lo que significa que la gente estaba escuchando, y todo eso se consigue haciendo una charla que salga del monotono, que cree una cierta expectación, incluso aunque sea por saber “qué pasó con la prueba de función del virus XHOZ en la línea celular alphaQ en condiciones de anoxia”. Eso sí, tuve suerte de que el gran jefe de mi departamento no asistiera, porque estoy segura de que a él no le hubiera sacado ni una sonrisa, y lo que es peor me habría granjeado un puesto en la lista negra de los renegados, de los perdidos. De los no válidos. De los que no saben hacer ciencia como se debe. Lo curioso es que luego a algunos de los que más aplauden es a esos investigadores de grandes aspavientos y vendedores de humo, pero en fin eso es otra historia…

La experiencia fue de lo más positiva aunque ahora que me toca preparar otro seminario para mi propio laboratorio tengo una nueva duda…¿seré capaz de arrancarle una sonrisa al gran jefe?

 

4 thoughts on “No sonría, por favor

    1. Gracias por tu comentario. Acabo de leer tu post y estoy muy de acuerdo. De hecho, las cosas que recuerdo con más nitidez de la carrera y del instituto son aquellas que se relacionan con anécdotas o con alguna gracia del profesor acerca del caso. A ver si a estos les entra en la cabezota también 😛
      un salu2

  1. Creo que las mejores charlas científicas las dan los anglosajones. Son los únicos que son capaces de contar chistes y de bromear con sus datos. De ser hasta más honestos con ellos.
    Y, ojo, que lo que cuentas no solo pasa en Alemania. En España, la gente tiene la misma política, supongo que en parte por intentar demostrar que es importante. Por complejos, supongo.
    Aun así, las charlas son sobre todo para que se discutan tus resultados y para que TU ganes algo -principalmente-. Así que yo te aconsejaría que hablaras en el tono en el que tu beneficio sea máximo. Si la gente está más atenta si entretienes y te pregunta más y te ayuda más hazlo así. Si por salirte de tono te lo van a castigar participando menos…

    1. Hola! El castigo no vendría por una menor participación, básicamente porque lo que es gente como mis jefes ni siquiera suele apartar la vista de su iPad durante las charlas, el castigo podría venir a la hora de una renovación de contrato, de una carta de referencia o cosas así, pero por suerte lo que le disgusta a uno le gusta a otro. Y el otro es más importante que el primero. Pero supongo que me cortaré un poco en la próxima con el festival del humor, ni que sea para que aún sobreviva al retreat sin acabar ahogada en un lago alpino 😛

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