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Ni tan malos, ni tan animales.

En Estados Unidos se preguntó a la población por su idea sobre la distribución de la riqueza en el país, si la consideraban justa y en caso contrario cómo debiera ser.Aunque conscientes de la desigualdad, las cifras que estimaron se desviaban bastante de la realidad: la mayoría pensaba que un 20% de la población poseía el 60% de la riqueza (las cifras dicen que el top 20% posee un 85%) mientras que el 40% de la población tenía que conformarse con un mero 10% (en realidad éstos casi no tienen nada). La situación ideal sería aquella donde aún existiendo desigualdad ésta sería mucho menor, con extremos mucho más próximos.
Parece que Hobbes estaba tan quivocado y el hombre no es malo por naturaleza (“Homo homini lupus NON est.”) o al menos eso es lo que parecen demostrar los últimos estudios llevados a cabo en un laboratorio en Caltech (California) y publicados en Nature. El experimento fue el siguiente: a un grupo de 40 voluntarios se les separó en dos grupos: ricos y pobres. Quién decidía la suerte era una bola y a continuación a los ricos se les dotaba con 50$ mientras los pobres se quedaban con las manos vacías. Ye lo que hay.
La suerte decide
 Después a cada uno de los participantes se les metía en un escáner cerebral dónde los científicos podían observar las respuestas de determinadas áreas cerebrales (especialmente las de recompensa como el estriado) cuando se les prometía una recompensa monetaria. La primera observación entra dentro de lo esperable: aquellos que no tenían nada se “alegraban” más por 20$ que aquellos que partían de 50$. Pero lo sorprendente, hasta cierto punto, fue que cuando a los “ricos” se les informaba que uno de los “pobres” desconocidos había recibido una recompensa, éstos experimentaban incluso más placer que cuando recibían su propia recompensa. Los autores del estudio argumentan que la razón es que existe una aversión natural hacia las desigualdades aunque ésta es muy dependiente del contexto. De hecho, no creo que ninguno de los miembros de la lista de los más ricos de la revista Forbes vaya a pedir corriendo una subida de impuestos o a compartir parte de sus ganancias con ese 40% de la población que no tiene apenas nada porque sí. Y la posible razón por la que esto es así es que los ricos creen que lo son porque lo merecen. Casi ninguna de estas personas cree que alcanzó su posición por suerte sino gracias a sus capacidades y a su trabajo. De hecho, en el laboratorio una forma de reproducir este sentimiento es hacer trabajar a los voluntarios por su recompensa, de esta manera sienten que se merecen lo conseguido y ya no les produce tanto placer (no les importa tanto) que los demás ganen o pierdan.
En un país como Estados Unidos donde el concepto del sueño americano, que supone que cualquiera puede hacerse rico y estar en ese top 10% si se lo propone, no parece sorprendente encontrar esta respuesta.
Pero ¿sucedería lo mismo en otro país más marcado por la estructura social?, en un país como India, por ejemplo, con una estructura de castas, donde el lugar donde naces básicamente determina tus posibilidades de éxito ¿que situación imperará: la aversión de la desigualdad impuesta o la justificación de la desigualdad adquirida?

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