MicroFicciones:Tabaco negro

Sonríe, que no se te note el miedo. Interiormente sigue rezando a ese Dios que no existe para que deje de mirarte. Concéntrate en el sonido del viento que azota las palmeras, en el rugido del mar abajo. Y no pienses. No pienses en cuán cerca estás de estar ahí abajo.

Al fin y al cabo es sólo un motocarro que por su aspecto y su respiración podría ser anterior a la revolución. No puede correr tanto ¿no? Y ahora…¿qué hace con las manos? ¿qué busca dentro de la chaqueta? se gira de nuevo, alarga la mano y ofrece un cigarrillo y una sonrisa. Nuestro último cigarrillo. Tabaco negro para un final sin color, de tan absurdo. Ya no se hacen motocarros como en vida de Mao.

4 thoughts on “MicroFicciones:Tabaco negro

  1. Óxido en las llantas y negro humo, una pequeña explosión cuando arranca, un pequeño tanque a dos ruedas, hierro forjado, tiene alma y eso merece la atención de todos los curiosos que pasan a su lado y se preguntan cómo es posible que siga funcionando.

    Buen post, me encanta cuando puedo mal continuar un mini relato, me divierte.

      1. El sol caía y no daba tregua, ni una sombra, “¡maldita carretera!” pensaba mientras caminaba por el arcén maltrecho, ni un árbol, sólo campo lleno de cebada, la siega tenía que estar cerca igual que esos malditos grillos que me tensaban los nervios. ¿Qué había hecho para llegar hasta allí? Sólo había ido a las fiestas de un pueblo con mis amigos, ¿cómo me podía haber metido en este lío?
        Sin cobertura, sin agua, muriéndome de calor, ni una señal en la carretera que me dijese hacia dónde iba y ¡ni un maldito coche en 4 horas! Era una carretera comarcal, ¿cómo es posible que nadie pasase por allí en horas? ¡Callaos malditos grillos! Esto se estaba poniendo mal, ni siquiera era mediodía y ya no podía dar un paso más, sudaba a chorros y no encontraba ni un mal árbol.
        Un par de traspiés dieron con mi cara en el suelo, un par de hormigas se me quedaron mirando y volvieron a sus labores sin darme más importancia que ese terremoto que había provocado en su mundo. Las piernas no me respondían, en esos momentos te das cuenta de lo realmente jodido que estás.

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