Malos humos.

De nuevo voy a hablar de vicios, de uno en concreto y de dos fenómenos asociados a él. Hoy hablamos de una de las pocas drogas legales en el mundo, del tabaco. El primer fenómeno que me parece interesante destacar es la falsa creencia de que las variedades “light” son más sanas. Y cómo la industria tabacalera se aprovecha de asociaciones mentales inconscientes tales como que la blancura es símbolo de salud para potenciar este efecto. Y el segundo el porqué cuando la gente decide dejar el tabaco se pone de mal humor, de muy mal humor o al menos una posible explicación.
Empecemos por el principio, Ben Goldacre explica en su blog que en el Reino Unido están intentando eliminar por completo las marcas de los paquetes de cigarrillos para evitar identificaciones como la que comentábamos al principio: marcas con paquete blanco o en tonos claros = menos malo. La industria lleva vendiendo la idea de que el tabaco “light” es más sano desde hace ya décadas y de forma bastante exitosa al menos por lo que se desprende de encuestas y estudios poblacionales que demuestran que entre los fumadores es casi un hecho de facto que los cigarrillos “light” conllevan menos riesgos de cáncer y ser menos adictivos (aunque curiosamente, en virtud de lo sanos que son,  quienes fuman light están mucho menos dispuestos a dejarlo, aunque fuman más cigarrillos de media que quienes fuman “normal”). Por eso a pesar de que en algunos países se ha prohibido usar términos como “light” o ¨mild” se sigue utilizando el mismo tipo de reclamo en los colores y la maquetación de las cajetillas pues la industria emplea millones en marketing y conocen al dedillo los efectos psicológicos de los colores y de las imágenes y los sentimientos que evocan, de hecho cómo la empresa tabacalera Phillip Morris defiende en un documento sobre cómo publicitar nuevos productos en un medio restrictivo: “….cuánto más “ligero” el producto más se mueve la presentación hacia la gama del azul y hacia el blanco, porque este es un color que se identifica claramente con la limpieza y la salud…”
Presentación de marcas de tabaco “light”. Todas en blanco y azul.
Y aún siendo tan claro y tan abierto el modo en el que estas compañías manipulan las creencias de la gente incidiendo en la creación y mantenimiento de una adicción que a largo plazo puede costar la vida las autoridades bajan la cabeza y callan porque las tabacaleras son muy poderosas (mirad noticia sobre el lobby de Morris en España) y además los impuestos sobre el tabaco son importantes para llenar las arcas del estado. ¡Qué asco!
¡Grrrrr!
Y ahora ligero cambio de tercio, ¿qué pasa cuando por fin te decides a dejarlo? pues por lo que tengo visto en algunos (muchos) de mis amig@s es que en algunos casos lo que ocurre es que el vicio simplemente cambia de nombre: ahora sería adicción a los caramelos de anís, el chocolate… otros, los que se atreven a enfrentarse al toro a pecho descubierto (pero que torero me está quedando este párrafo ¡y olé!) se enfrentan, ellos y los que los sufren a un mal humor bastante característico. Ahora bien, ¿por qué esa mala leche? La respuesta, como tantas otras veces está en el cerebro (y quede claro para los entendidos que me refiero al encéfalo completito, con su cerebelo y demás pero que escribir cerebro es más cómodo y suena mejor). El cerebro es un órgano con limitaciones y cuando se está ejerciendo un control cognitivo superior en un área (en este caso evitar la tentación de fumar, en otros será comerte el último trozo de pizza o comprar ese par de zapatos que se salen de presupuesto) queda poca capacidad disponible para poner a raya los malos humos. En esta línea existen un par de estudios, uno del año 2007 en que los científicos pidieron a un grupo de personas que evitaran comerse un donut de chocolate por unos minutos, después los puñeteros se dedicaron a insultar a los pobres sujetos y obviamente los que ni siquiera habían tenido el donut para endulzarse el paladar aguantaron menos y respondieron más agresivamente que los que se comieron el donut. Por otra parte, está documentado el mal humor de la dieta y es más un estudio aparecido recientemente pone de manifiesto que no sólo estamos más susceptibles al mal humor sino que además estamos mucho más “in” en todo lo que implique mal humor, lo que significa que todo lo que negativo nos atraerá más: sean películas, pensamientos o malas caras. ¿Curioso verdad? (lo leí en The Frontal Cortex)
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Así que, tal y como yo lo veo, si teneis pensado dejar de fumar o poneros a dieta (aunque cómo ya os expliqué no es muy probable que funcione) lo mejor que podeís hacer para poner freno al mal humor es mimar la amígadala y daros un pequeño premio de vez en cuando, algo como… ¿un helado de chocolate bajo el sol de primavera?

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