Los números no hablan, las personas sí

De nuevo coincidiendo con estas fechas consumistas que nos acechan, mucha gente se plantea donar dinero a organizaciones humanitarias, o a labores solidarias. Muchas veces es difícil decidir por una opción entre las muchas que se ofrecen (por desgracia vivimos en un mundo donde hay plenitud de lugares/situaciones donde un pequeño cambio supone una gran diferencia) y por más que creamos que consideramos racionalmente las razones por las cuales elegimos apoyar un proyecto u otro en realidad hay procesos inconscientes que pueden condicionar nuestra decisión.
Se llama Luis y su nombre vale tu compasión.
“La tendencia hacia la víctima reconocible” es en terminología psicológica uno de los sesgos más comunes que sufrimos a la hora de considerar la importancia/gravedad de una situación problemática. Prueba de ello es el experimento realizado por Paul Slovic en el que preguntaba a una serie de personas cuánto dinero estaban dispuestos a donar a diversas causas humanitarias/caritativas. Cuando Slovic les mostraba la fotografía de un sólo niño hambriento llamado Rokia en Mali, las personas donaron una media de 2.50$ a Save the Children. Sin embargo, cuando las personas sólo contaban con información “en crudo” (estadísticas sobre malnutrición en Africa, número de muertes por hambruna según el país…) la donación media fue un 50% menor. Lo que viene a demostrar este experimento es que los humanos somos más o menos insensibles ante los números, las estadísticas nos dejan fríos, porsiblemente porque la magnitud del fenómeno es demasiado grande. Por contra, la historia personal de Rokia nos conmueve. Y es nuestra compasión la que nos hace caritativos.
Por eso el telediario cada vez está más repleto de historias personales, porque son éstas las que hacen que la audiencia reaccione aunque frecuentemente sea sólo con fines sensacionalistas y por eso gran parte de las campañas publicitarias de ONGs (organizaciones no gubernamentales) se basan en historias con nombre propio. El problema es que aunque no tengan cara, ciertas causas no son menos importantes, de hecho, suelen ser lo contrario…¿puede ponerse límites a este prejuicio?
Aunque este efecto es universal algunas personas son más vulnerables que otras como puso de manifiesto el trabajo liderado por James Friedrich en el que demostró que la capacidad analítica puede contrarrestar “La tendencia hacia la víctima reconocible”. Así, las personas con mayor capacidad analítica, más racionales por tanto, no mostraron diferencias en cuanto a las donaciones según fueran dirigidas a campañas publicitarias basadas en la víctima reconocible, estadísticas reales o una mezcla de ambas.
Existe esperanza, por tanto. El pensamiento humano está más predeterminado de lo que nos gustaría reconocer pero también tiene la capacidad de cambiar, de ser modificado de modo consciente y es en esta plasticidad donde cabe centrar nuestro esfuerzo para que no sea sólo la imagen de un niño hambriento, o de una mujer maltratada la que nos mueva a actuar.

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