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La tesis aumenta el riesgo de depresión. ¿Sorprendido alguno?

Esta semana leí en un articulo en ElPais online que de acuerdo a los resultados de dos estudios recientemente publicados (1,2) los estudiantes de doctorado, de cualquier rama científica, tienen un riesgo marcadamente mayor de sufrir depresión y/o ansiedad que la gente “normal” (6 veces más) y que este riesgo es mayor incluso cuando se compara a los doctorandos con personas con trabajos no relacionados con la investigación pero de similar nivel educativo.

Sin entrar en detalles, porque para eso ya está el artículo del País, lo que yo quiero es contar la historia desde dentro, porque para mi y para muchos de los que hemos pasado por la (¿traumática?) experiencia de un doctorado, esta noticia, no lo es en absoluto. Todos, y cuando digo todos, es todos, hemos pasado por periodos de frustración extrema, de niveles de estrés enfermizo porque había que cumplir con un deadline y los resultados no se daban, o porque las demandas del jefe de turno de repente se volvían irrealizables. Muchos, si no todos, nos hemos sentido incapaces, inútiles y desesperados al ver la montaña de experimentos por hacer, y/o de resultados negativos que no parece haber forma de enmendar. Y así, durante años, hasta que al final de una forma u otra se hace la luz, se escribe el tochaco que resume las cosas que más o menos salieron bien durante esos años y punto y final al que posiblemente sea el período más duro de nuestras vidas. 

He conocido a gente que empezó a correr maratones, o a levantar pesas, muchos empezamos a fumar como carreteros, otros a dejar de comer, muchos a beberse hasta el agua de los floreros y todos a dormir poco y mal, porque soportar el día a día de una tesis es duro. Mucho. Y es una experiencia solitaria, que sólo puede compartirse con quien lo ha vivido o lo está viviendo, y que por tanto poco pueden ayudar a subirte el ánimo porque o bien están igual o sólo pueden brindarte el consuelo del paso del tiempo, que en el aquí y ahora de poco sirve.

Dicen también en el estudio que el tipo de supervisor influencia enormemente la probabilidad o la gravedad de los daños psicológicos que puede provocar un doctorado. Teniendo en cuenta que la mayoría de los jefes en laboratorios tienen escasas habilidades sociales, y peores de gestión  no es sorprendente que se den estas situaciones. Si a un trabajo de por si demandante, con poca retribución económica y poco reconocimiento social le añades un jefe psicópata, el resultado del combo obviamente no puede ser bueno. De hecho, no son ni uno ni dos los doctorandos que se suicidan cada año. 

Cuando me preguntan para qué sirve un doctorado siempre digo lo mismo, y es que aparte de para poder llamarme Frau Dr. que en este país da mucho prestigio, sólo sirve para darte tablas en una cosa: resistir la frustración, aprender a tirar pa adelante sin desanimarse demasiado cuando las cosas no salen, y a relativizar. Porque nada, ningún trabajo, nada más será tan demandante a nivel intelectual y psicológico como ese periodo. Los doctorados no somos otra cosa que supervivientes. Una raza especial.

Aunque cabe preguntarse si tanto sufrimiento es necesario para formarse como investigador. Para avanzar en el conocimiento. Para publicar el las mejores revistas. Para conseguir un contrato de trabajo. Para poder seguir trabajando en lo que uno ama…

No

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