Un baile de notas

Siempre me gustó leer música. La belleza de esos pequeños símbolos retorcidos como insectos explorando posturas de yoga, que parecen cobrar vida tras un rastro de tinta china que se transmuta por momentos al pasar de la pluma al papel.

Me gustan especialmente las partituras antiguas, porque entonces al misterio de la música se superponen los placeres de las sensaciones del olor a papel viejo, de la tinta reseca, del polvo, de la historia. Y todas esas sensaciones también son parte de la melodía, un añadido a ese baile de símbolos que me habla desde el papel.

Sin embargo, la mayor belleza de una partitura no está en su superficie sino en su interior, en los secretos que esconden esos símbolos.

De la misma manera que al leer un libro los personajes cobran voz, una partitura no precisa instrumento otro que tu imaginación para cobrar vida, y así de fácil esas corcheas, semicorcheas, negras y redondas empiezan su baile. Sólo has de saber prestarles atención. Y bailarán para ti.

Y a quién le importa si tarareo en el tren una melodía extraña, si sólo me ven siguiendo una partitura con el dedo como si de braille se tratara. Si no pueden entender que yo, la música, la llevo dentro.

2 thoughts on “Un baile de notas

  1. Muy bueno el relato, me parece increíble que la gente las pueda leer y hacer música directamente en su cabeza… bueno, algunos pensarán que hacer matemáticas o física en su cabeza es increíble. Deseamos lo que no tenemos, y no nos damos cuenta de lo importante que es lo que tenemos para otros. Oh amada música, ¿dónde has quedado?

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