Horizonte 2020: el antiplan

El viernes pasado tuve la oportunidad de participar en la primera asamblea de la Sociedad de Científicos Españoles en Alemania (CERFA) y de conocer y de charlar con muchos de los que, como yo, nos hemos venido a desarrollar nuestra labor científica a este país. Aunque las historias son tan variadas como las personas y se puede hablar de diferentes generaciones (hay quien lleva décadas por aquí, con una carrera ya del todo establecida y hay quien acaba de llegar), la verdad es que la amplia mayoría son novatos en su etapa postdoctoral. O sea, en el momento más productivo de su carrera.

En cuanto al porqué de estar aquí, además de que para desarrollar un buen currículo científico es importante salir (aunque la endogamia de nuestro sistema universitario no sea algo que premie), está claro que la falta de oportunidades en nuestro país ha sido un factor clave a la hora de atraer a muchos hasta Alemania.

Y de la falta de oportunidades en nuestro país, del desmantelamiento de las estructuras de investigación y desarrollo y de las medidas para poner freno a la fuga de cerebros me hubiera gustado que hablara Maria Luisa Poncela, Secretaria Gral de Ciencia, Tecnología e Innovación, invitada al seminario coorganizado por la CERFA y el DAAD en Berlín. Sin embargo, a lo que se limitó quien se supone que se ocupa de velar por los intereses de la comunidad científica en España -y de todos los españoles, puesto que sin Ciencia poco puede hacer el país- fue a presentar su “fantástico” plan de medidas para meter aunque sea con calzador a la empresa en la I+d. O al revés, para que sólo hagamos ciencia productiva. Ejemplos: dar créditos blandos a las empresas para que acepten doctorandos y postdocs en la transferencia de I+d del sistema público a la empresa privada; abrir el uso de las instalaciones de investigación pública a empresas privadas…

Un chollazo ¿no?

Por desgracia no hubo tiempo apenas para preguntas, aunque de haberlo habido dudo mucho que hubiéramos conseguido algo porque como buena política que es, si de algo sabe es de evitar responder preguntas y repetir un discurso como un papagayo. De servir al ciudadano y al país, nada. Lo importante son las empresas. Y sus dueños.

Porque lo que quizá la Sra. Poncela no se ha planteado es que:

1) La ciencia básica no es interesante para la empresa porque no da réditos a corto plazo. Por eso es necesario que se financie públicamente y que las posibles patentes que a largo plazo salgan de esas investigaciones sean también de dominio público.

2) Por mucho que se invierta en ciencia aplicada, sin la básica es difícil que se avance más que a palos de ciego. Es como intentar construir una casa desde el tejado, inútil.

3) No todos los científicos quieren trabajar en curar enfermedades, aunque luego resulte que el proceso que estudian resulte clave para entender cómo curar alguna; ni desarrollar mejores motores para sus coches oficiales, algunos prefieren estudiar las estrellas. Y todo eso también tiene valor, aunque no se pueda calcular en euros.

Podrían ocurrírseme mil razones más para justificar por qué su plan es absurdo, pero yo soy científica, no política. Y está claro quien utiliza la cabeza y quien el bolsillo.

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