Descolocado

Hace un par de semanas surgió un mini-pique con @victorpasc en el que le pedía que comenzara una historia que yo seguiría…y eso he hecho. Pero además, he pensado que podría ser divertido hacer una historia colaborativa. Así que ¡quién más se anima a continuar esta historia sin final!

@victorpasc

El sol caía y no daba tregua, ni una sombra, “¡maldita carretera!” pensaba mientras caminaba por el arcén maltrecho, ni un árbol, sólo campo lleno de cebada, la siega tenía que estar cerca igual que esos malditos grillos que me tensaban los nervios. ¿Qué había hecho para llegar hasta allí? Sólo había ido a las fiestas de un pueblo con mis amigos, ¿cómo me podía haber metido en este lío?

Sin cobertura, sin agua, muriéndome de calor, ni una señal en la carretera que me dijese hacia dónde iba y ¡ni un maldito coche en 4 horas! Era una carretera comarcal, ¿cómo es posible que nadie pasase por allí en horas? ¡Callaos malditos grillos! Esto se estaba poniendo mal, ni siquiera era mediodía y ya no podía dar un paso más, sudaba a chorros y no encontraba ni un mal árbol.

Un par de traspiés dieron con mi cara en el suelo, un par de hormigas se me quedaron mirando y volvieron a sus labores sin darme más importancia que ese terremoto que había provocado en su mundo. Las piernas no me respondían, en esos momentos te das cuenta de lo realmente jodido que estás.

@starvingneuron

Cuando levanté la vista del suelo, una nube de flashes cegó mis ojos. Pensé ¿quién cojones es el gilipollas que piensa que es gracioso hacerme una foto en una situación así? Y entonces lo vi, el maldito mediometro que se levantaba delante de mí enarbolando un iPhone como el que sujeta un estandarte en una procesión de Semana Santa. Enano cabrón, verás cuando me levante, pensé. Ya podéis ver lo que unas cuántas horas caminando, una mínima deshidratación y un mucho de desorientación pueden provocar en el carácter de un pacífico resacoso.

Porque todo aquello no podía ser normal. ¿De dónde salía aquel crío repelente si no había nada alrededor? Yo no había visto ningún cartel que anunciara “Disneyworld 4km” ni “Zoo próxima salida”, aunque quizá el espectáculo fuera yo.

Momento de hacer balance de la situación. ¿Es de día o es de noche? ¿Estoy despierto?

La primera pregunta no es fácil de responder porque yo estoy seguro de oír a los putos grillos que no paran de cantar, sin embargo hay luz. Y yo calculo que llevo caminando unas cuántas horas desde que perdí a mis colegas. ¿Estaré soñando, pues? El dolor que me produce el pellizco que me pego en el antebrazo me confirma que estoy despierto y de paso asusta un poco al enano, que retrocede unos pasos.

@KATREyuk

Sigo intentando levantarme y siento el chisporroteo de pequeñas explosiones termonucleares microscópicas en mi cabeza, unas cuantas neuronas menos, pero no me preocupo pues la reserva restante garantiza que no me convierta en un político, al menos por ahora.

Levanto la cabeza y veo al niño mirándome sin decir nada. Es rubio y me observa pensativo, no descarto del todo que sea una visión y aquella sea una representación mental moderna del Principito, esta vez armado con un iPhone.

– Hola niño ¿Están tus padres cerca? – le pregunto, pero me ignora y no hace nada durante muchos segundos. Se acerca y empieza a sacarme más fotos, y por un momento, me apetece darle un guantazo, pero me reprimo… aunque alguna parte de mi más lúcida me susurra que valdría la pena enfrentarme a la vergüenza de pegar a un niño si aparece su padre y además de devolverme los tortazos, me dice dónde estoy.

Consigo incorporarme del todo y me concentro en no caerme al suelo. Tengo la sensación de que es por la tarde, aunque mi cabeza no es capaz de centrarse para asegurarlo ¿Cuanto tiempo llevo tirado ahí?

– Niño ¿Sabes dónde estoy? – le pregunto, pero sigue mirándome con gesto curioso sin decir nada, y una vez estoy de pie, mantiene la distancia y se queda quieto a unos metros.
Busco señales, algo además de hierbas secas y los putos grillos.

Me fijo de nuevo en el niño. Miro hacia él con pena, perdido y cansado, incluso lloraría de no ser por la sequía que sufría.

– wuuu! – dice el niño – Wu arrr yiu? – concluye.

Y entonces me quedo frío, pues me viene a la mente la frase que había dicho un amigo: “Verás que divertida será una despedida de soltero en las Vegas”.

@victorpasc

Me quedo mirando un poco más al enano, hace calor, mucho calor, debo estar cerca de Las Vegas, nadie deja a un niño solo en un sitio como este, creo. El niño lleva algo en la espalda, ¡una cantimplora! ¿Qué hago? ¿Se la pido, se la robo, le pego y luego se la pido con amabilidad? Me había cabreado mucho lo de las fotos y la última opción es tentadora, pero me decanto por la segunda, un par de pasos, me caigo y consigo pillar la cuerda que pasa por su hombro. Bebo, un trago largo, algo va mal, no recuerdo que el agua me abrasase la garganta de esta forma, empiezo a toser como un descosido, muriendo un poquito más.

¡Tequila! ¡El puto niño lleva tequila en la cantimplora! Al menos es bueno, pero posiblemente esto me deshidrate un poquito más rápido.

Escucho un silbido, un perro se me acerca, se pone delante del niño y me enseña su bonita boca llena de dientes y posiblemente un par de enfermedades aún no descubiertas por la medicina.

Algo me toca la espalda, miro para atrás y veo la silueta de un hombre, el sol me ciega y no consigo ver más. Levanta la manos, un palo en lo alto, ¿qué tiene pensando hacer? No consigo casi moverme, tengo que tener unas pintas horribles, no tiene por qué pegarme esa silueta, ya estoy vencido. No opina lo mismo, un golpe me marca la mejilla. Duele. Vuelvo a mirar a la silueta pidiendo auxilio, la otra mejilla sufre lo mismo que su hermana. Caigo boca arriba, garganta quemada, piel quemada, mejillas marcadas, deshidratado.

Ahora mismo soy la definición de “derrotado”. La silueta se acerca, pone un pie encima de mi cabeza, y pienso: “¿por qué llevaría un niño tequila? Digo, ¡mierda, estoy jodido!” La bota cae, la noche se hace.

@starvingneuron

Despierto sobresaltado por el ruido de un motor achacoso. No se cuánto tiempo llevo inconsciente, sólo se que ahora nos movemos. Al girar la cabeza siento un dolor inenarrable en la sien. Suerte que estoy tumbado, si no hubiera visto las estrellas…otra vez. 

A mi derecha veo sombras que se mueven, con cierto ritmo, pero sin cambiar de posición.  Parecen humanas, al menos. Ha llegado el punto en que eso, incluso, es un alivio.

Intento decir algo, hacerles saber que sigo vivo, pero tengo la boca tan seca que no consigo pronunciar palabra alguna. Segundo intento, me humedezco los labios con mi lengua de trapo y digo: -Hola, ¿dónde estoy?

Una de las sombras se gira hacia mí y dice: -Vaya, estás vivo. Y calla.

No me ha dicho nada que no sepa. Estas sombras no son particularmente lúcidas. Pregunto otra vez: -¿Adónde vamos?

Esta vez veo que la sombra se mueve un poco más, que se revuelve en su posición en la formación, veo que incluso suspira antes de contestar: -Al lugar donde van los que no llegaron. Y vuelve a callar.

Mierda de sombras. ¿No fue bastante con el iEnano que ahora tengo que cargar con una sombra enigmática? Cuando pille a mis amigos vamos a tener algo más que palabras, pienso. Pienso, entre lágrimas, porque empiezo a no saber qué más hacer.

Mientras tanto las sombras siguen danzando al ritmo de la noche y de un motor de explosión a quien le cuesta respirar casi tanto como a mí.

@victorpasc

Escucho unos frenos viejos y desgastados por la arena del desierto, el vehículo se empieza a detener y los baches hacen que mi cara golpee contra la superficie metálica en la que estoy tumbado. Las sombras me agarran por los brazos y me llevan arrastrándome cerca de una fogata y me dejan caer contra la tierra reseca.

Un fuerte olor a comida quemada me llega a la nariz, olía como a judías en bote, pero hechas en el mismo bote sin abrir y tiradas contra la lumbre. Vislumbro algunas figuras que se mueven tras el fuego, una chica pelirroja me mira y se ríe, hacia ella va el iEnano y le empieza a enseñar algunas cosas en el móvil, presumiblemente son las fotos que el pequeño cabrón me había hecho.

Alguien me tira una lata, con las fuerzas que me quedan abro la lata, parece cerveza. Está caliente y parece ser la bebida más pura que jamás habían saboreado mis labios, algo que parece que ha sido procesado por una docena de riñones en serie tiene que ser puro. Aguanto las ganas de lanzar la lata a alguna de las sombras y bebo, estoy deshidratado, si luego tengo tiempo iré a vomitar.

La pelirroja me acerca una lata envuelta en un trapo y una cuchara. Me hace un gesto de comer, cojo la lata y me quemo la mano. Se ríe la muy hija de… me deja el trapo y se vuelve con el iEnano. Judías calentadas en la misma lata, un invento maravilloso que sabe a rayos.

Un par de sombras empiezan a discutir, una de ellas me apunta con el dedo, golpea a la otra y arranca una moto que no había visto, derrapa en mi cara y se marcha. Las judías y la cerveza serán lo peor que me he metido en la boca en la vida, pero tenía hambre, ahora están llenas de arena.

La pelirroja se acerca y me da otra lata, no parece mala chica.

@starvingneuron

Las apariencias engañan, decía mi madre. Eso me hubiera gustado explicarles a los tipos aquellos que parecían discutir sobre mi destino como si supieran quién era y que hacía allí, como si hubieran visto mi historia repetida cientos de veces.

Pero si ni siquiera yo conocía mi historia, ¿cómo podían saberla ellos?

Ahora maldecía en silencio haber bebido tanto, y a mis amigos, por haberme dejado solo y tirado en mitad de quien sabe dónde, ¿Las Vegas?, ¿Eurovegas? y ¿si todo esto era aún parte de la broma? Miré alrededor en busca de algún lugar donde pudiera ocultarse una cámara, de alguna pista que pudiera indicar que efectivamente aquello no era más que una chanza grotesca de mis queridos colegas. A los que, por otra parte, les iban a caer un par de hostias por simpáticos. Nada. Ni rastro. Mi gozo en un pozo.

Esta mierda es real. Las judías son reales. El iEnano es más que real, las piedras que me lanza, también. Mi único consuelo es que, al menos, la pelirroja de la mirada sonriente no existe sólo en mi imaginación.

19 thoughts on “Descolocado

  1. jajajaja si el comienzo fue bueno, la continuación ha sido brutal… “Enano cabrón” jajajaja Estoy considerando el participar, aunque tenéis el nivel muy alto…, y la neurona ambrienta no lo ha dejado nada fácil…
    Voy a darle vueltas, y por lo menos, oposito…

  2. nooooooooooooooooooooooooooo la H de Hambrienta se ha quedado fuera noooooooooooooo juro por la gloria de Jesucristo superstar en chanclas, que no soy un cani! Lo húro!

    1. reconozco que me ha recorrido un escalofrío al leer hambrienta sin hache…te ha salvado el rápido comentario a continuación 😛
      venga, ponte que algo sale seguro!!! Vamos a darle más vidilla a la historia de ese pobre resacoso perdido…

      1. Tuve que ser rápido… imaginé tu cara al verlo, cualquier virtud merecida por mi apoyo incondicional y cariño a través de comentarios rota en mil pedazos como un jarrón que cae al suelo… me sentí perdido, tirado en medio del asfalto, roto por la decepción… y en mi triste y desolada desesperación por haberte fallado, solo podía escuchar unos malditos grillos de fondo mientras un enano cabrón me pateaba la cabeza con unas Nike.
        xDDDDDDDDDDDD
        Un abrazo

        1. Jajaja pero qué dramático eres!!!
          Ahora voy a incluir tu aportación al relato y…que siga la fiesta 🙂

      2. Y por si alguna vez cometo algún error basado en la ignorancia o la duda, y no un fallo del teclado, que sepas que soy chico de ciencias y que siempre suspendía en lengua… en todas ellas, in fact, desde gallego a inglés, quien diría que le cogería gusto a eso de las palabras.
        😉

  3. A ver… lo intento…

    Sigo intentando levantarme y siento el chisporroteo de pequeñas explosiones termonucleares microscópicas en mi cabeza, unas cuantas neuronas menos, pero no me preocupo pues la reserva restante garantiza que no me convierta en un político, al menos por ahora.

    Levanto la cabeza y veo al niño mirándome sin decir nada. Es rubio y me observa pensativo, no descarto del todo que sea una visión y aquella sea una representación mental moderna del Principito, esta vez armado con un iPhone.
    – Hola niño ¿Están tus padres cerca? – le pregunto, pero me ignora y no hace nada durante muchos segundos. Se acerca y empieza a sacarme más fotos, y por un momento, me apetece darle un guantazo, pero me reprimo… aunque alguna parte de mi más lúcida me susurra que valdría la pena enfrentarme a la vergüenza de pegar a un niño si aparece su padre y además de devolverme los tortazos, me dice dónde estoy.
    Consigo incorporarme del todo y me concentro en no caerme al suelo. Tengo la sensación de que es por la tarde, aunque mi cabeza no es capaz de centrarse para asegurarlo ¿Cuanto tiempo llevo tirado ahí?
    – Niño ¿Sabes dónde estoy? – le pregunto, pero sigue mirándome con gesto curioso sin decir nada, y una vez estoy de pie, mantiene la distancia y se queda quieto a unos metros.
    Busco señales, algo además de hierbas secas y los putos grillos.
    Me fijo de nuevo en el niño. Miro hacia él con pena, perdido y cansado, incluso lloraría de no ser por la sequía que sufría.
    – wuuu! – dice el niño – Wu arrr yiu? – concluye.
    Y entonces me quedo frío, pues me viene a la mente la frase que había dicho un amigo: “Verás que divertida será una despedida de soltero en las Vegas”

  4. Me quedo mirando un poco más al enano, hace calor, mucho calor, debo estar cerca de Las Vegas, nadie deja a un niño solo en un sitio como este, creo. El niño lleva algo en la espalda, ¡una cantimplora! ¿Qué hago? ¿Se la pido, se la robo, le pego y luego se la pido con amabilidad? Me había cabreado mucho lo de las fotos y la última opción es tentadora, pero me decanto por la segunda, un par de pasos, me caigo y consigo pillar la cuerda que pasa por su hombro. Bebo, un trago largo, algo va mal, no recuerdo que el agua me abrasase la garganta de esta forma, empiezo a toser como un descosido, muriendo un poquito más. ¡Tequila! ¡El puto niño lleva tequila en la cantimplora! Al menos es bueno, pero posiblemente esto me deshidrate un poquito más rápido.
    Escucho un silbido, un perro se me acerca, se pone delante del niño y me enseña su bonita boca llena de dientes y posiblemente un par de enfermedades aún no descubiertas por la medicina.
    Algo me toca la espalda, miro para atrás y veo la silueta de un hombre, el sol me ciega y no consigo ver más. Levanta la manos, un palo en lo alto, ¿qué tiene pensando hacer? No consigo casi moverme, tengo que tener unas pintas horribles, no tiene por qué pegarme esa silueta, ya estoy vencido. No opina lo mismo, un golpe me marca la mejilla. Duele. Vuelvo a mirar a la silueta pidiendo auxilio, la otra mejilla sufre lo mismo que su hermana. Caigo boca arriba, garganta quemada, piel quemada, mejillas marcadas, deshidratado. Ahora mismo soy la definición de “derrotado”. La silueta se acerca, pone un pie encima de mi cabeza, y pienso: “¿por qué llevaría un niño tequila? Digo, ¡mierda, estoy jodido!” La bota cae, la noche se hace.

  5. Espero que os haya gustado mi intento. Rosa, corrígeme alguna falta que haya puesto, porfaplease

  6. ¡Me gusta mucho! Ahora tengo que pensar en cómo seguir esta historia que está tomando un derrotero bastante inesperado…pero creo tener una idea de cómo quiero seguir. A ver si tengo un hueco hoy y escribo algo…

  7. Queridos, aquí va mi continuación. A ver cómo seguimos y por favor, no me maltratéis demasiado al personaje que yo también sufro 😛

  8. Muy buena continuación, vamos a ver qué se me ocurre, una de pisci me aclarará las ideas ejjejee

  9. Vuelvo a la carga:::

    Escucho unos frenos viejos y desgastados por la arena del desierto, el vehículo se empieza a detener y los baches hacen que mi cara golpe contra la superficie metálica en la que estoy tumbado. Las sombras me agarran por los brazos y me llevan arrastrándome cerca de una fogata y me dejan caer contra la tierra reseca.
    Un fuerte olor a comida quemada me llega a la nariz, olía como a judías en bote, pero hechas en el mismo bote sin abrir y tiradas contra la lumbre. Vislumbro algunas figuras que se mueven tras el fuego, una chica pelirroja me mira y se ríe, hacia ella va el iEnano y le empieza a enseñar algunas cosas en el móvil, presumiblemente son las fotos que el pequeño cabrón me había hecho.
    Alguien me tira una lata, con las fuerzas que me quedan abro la lata, parece cerveza. Está caliente y parece ser la bebida más pura que jamás habían saboreado mis labios, algo que parece que ha sido procesado por una docena de riñones en serie tiene que ser puro. Aguanto las ganas de lanzar la lata a alguna de las sombras y bebo, estoy deshidratado, si luego tengo tiempo iré a vomitar.
    La pelirroja me acerca una lata envuelta en un trapo y una cuchara. Me hace un gesto de comer, cojo la lata y me quemo la mano. Se ría la muy hija de… me deja el trapo y se vuelve con el iEnano. Judías calentadas en la misma lata, un invento maravilloso que sabe a rayos.
    Un par de sombras empiezan a discutir, una de ellas me apunta con el dedo, golpea a la otra y arranca una moto que no había visto, derrapa en mi cara y se marcha. Las judías y la cerveza serán lo peor que me he metido en la boca en la vida, pero tenía hambre, ahora están llenas de arena.
    La pelirroja se acerca y me da otra lata, no parece mala chica.

  10. Jum… ¿Eurovegas? Como lo hagan en Madrid me voy a cagar en todo porque estaría a pocos km de donde vivo.
    Voy a ver qué hago con el muchacho, ¿le hacemos correr?

  11. Mi turno:::

    Sobre la reseca tierra seguía tumbado, las manos y los pies atados como si fuese un ternero y casi todo el mundo se disponía a dormir. Pude reconocer alguna tienda de campaña y alguna camioneta, a lo lejos una vieja casa en la que se escuchaban perros ladrar.
    La pelirroja se me acercó, se inclinó y me limpió la cara con un trapo húmedo, no parando de sonreír y con una delicadeza que nadie se había tomado. Se percató que la miraba el escote, ya podía estar medio muriendo pero esa mala costumbre no me había abandonado, tampoco la reacción física que mi cuerpo tuvo. Se dio cuenta, y le gustaba, parecía que nadie se había tomado la molestia de fijarse en ella en mucho tiempo. Se inclinó un poco más, jugaba conmigo, y no puedo decir que me importase. Se terminó sentando a mi lado, demasiado cerca, y el trapo pasó por mi cuello. Aquello era jodidamente raro.
    El rugido de una viaje moto se escuchó en el descampado, ella se levantó como si le fuese la vida en ello, me dio una patada en el estómago y se fue corriendo a una tienda de camping.
    La moto se acercó, paró y escuché unas pisadas a mi espalda, me hice el dormido aunque la patada me había dejado sin aire. Alguien se acercaba y arrastraba algo junto a mi.
    No era algo, era el gilipollas de mi colega Manolo, un capullo que se mete en todos los líos que puede. La nariz partida y una mano vendada, parecía que le faltaban algunos dedos. Estaba inconsciente y maniatado.
    Creo que será mejor dormir.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.