¿Cuánto vale una firma?

El fenómeno de los “negros” en el mundo de la literatura es famoso ya desde tiempos de Shakespeare (aún se discute sobre si sus obras fueron obra de Francis Bacon, Marlowe o propias) pero ahora gracias a un artículo publicado en Public Library of Science (PLoS) sabemos que también este fenómeno se da en ciencia.
La historia es la siguiente, y desde mi punto de vista escalofriante. Entre los años 1998-2005 la compañía farmaceútica Wyeth contrató los servicios comerciales de una empresa de publicidad (“negros”) para la producción de artículos “científicos”, firmados por académicos pagados por dicha compañía y publicados en revistas científicas donde se afirmaban/defendían los beneficios del tratamiento hormonal frente a enfermedades coronarias, demencia y envejecimiento cutáneo entre otras, al tiempo que subestimaban los riesgos asociados a dicho tratamiento. Resultado: más de 14.000 pacientes desarrollaron cáncer de mama tras la terapia hormonal sustitutiva con Prempro.
Cada artículo producido por la compañía Designwrite supuso un coste de 20.000 dólares a la farmaceútica (calderilla para una gran empresa como ésta y que además seguro fue compensada con creces con las ventas obtenidas a razón de la publicidad) aunque por suerte los autores que estampaban su firma en ellos no cobraban; para ellos era suficiente el prestigio y los beneficios que la publicación de los artículos daba a sus curriculos (cabe destacar que era la farmaceútica y su departamento de relaciones públicas quienes respondían cuestiones concernientes a los artículos y no los firmantes, cuya contribución además del nombre era nula). En las conclusiones del juicio que destapó el asunto se contempla que esta estrategia de marketing encubierto no sólo incrementó el volumen de ventas de la droga producida por Wyeth sino que tuvo efectos negativos en la competencia así como exageró los beneficios y las posibles aplicaciones de la droga, no siendo éstos aquellos para los que estaba legalizada (Alzheimer,Parkinson e incluso ¡¡arrugas!!).
Lo peor de todo es que este fenoméno ES legal (al menos en EEUU).
Una compañía farmaceútica no puede publicitar uno de sus productos para un uso para el que no está aprobada pero no hay ninguna regulación que impida que una publicación científica haga propaganda velada de sus beneficios y no hay forma alguna de saber la contribución de los autores/firmantes a una publicación científica.
En un mundo ideal, donde existiera verdadera ética profesional o bien en el mundo real y con una legislación adecuada las instituciones universitarias o de investigación no permitirían a sus asociados firman trabajos que no hayan sido realizados por ellos, especialmente cuando hay vidas en juego.
Una firma vale 14.000 personas con cáncer. ¡Increíble!Mala memoria ¿yo? anda pásame el porro
¿Científicos dopados?

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