Con la lengua torcida.

Desde que me instalé en Alemania uno de mis caballos de batalla está siendo el del plurilingüismo. Más de uno ha dado cuenta de los errores que cometo en mi propia lengua materna y aunque no podría asegurarlo con certeza absoluta si he observado que en los últimos años cuanto más frecuentemente he hablado en otra lengua más difícil me ha resultado “volver a casa”. Ahora encuentro que pelear con tres en esos días en que la capacidad mental no da para más son demasiados malabarismos. Y por eso hoy quiero hablar de la ciencia detrás del aprendizaje de lenguas.

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Existen dos teorías sobre el origen del lenguaje: la teoría biológica de Chomsky (1959) y la del aprendizaje de Skinner (1957). Sin embargo, estudios de percepción fonética en bebés de un año demostró cómo las capacidades cognitivas, computacionales y sociales se combinan para dar lugar al aprendizaje de lenguas no se parecen al modelo de aprendizaje por condicionamiento operativo y reforzamiento de Skinner ni a la detallada visión de los ajustes paramétricos de Chomsky. O sea, la discusión sigue abierta y en algunos foros, encarnizada (Child’s Play)
El aprendizaje del lenguaje es uno de los que podrían considerarse clásicos ejemplos de lo que se llama periodo crítico en neurobiología (también descritos para el desarrollo de sentidos como la visión, por ejemplo) y que en el caso que nos ocupa significa que existe un periodo en el cual la capacidad de aprendizaje es máxima y una vez superado el aprendizaje de nuevos idiomas es mucho más complicado. Es por eso que niños e incluso bebés son mucho más capaces de aprender idiomas que los adultos a pesar del mayor desarrollo cognitivo de estos últimos. Grrr y…¡si sólo fueran los idiomas! qué me decís de la rabia que dan esos enanos que no levantan dos palmos del suelo en las pistas de ski con los mocos colgando y te dan no una sino mil vueltas a ti que casi no sabes cómo poner los pies en línea…C’est la vie.

Hay varias hipótesis sobre las causas de esta limitación temporal al aprendizaje de nuevas lenguas en la edad adulta. En los 60 Lennenberg propuso que el crecimiento del cuerpo calloso era el responsable de este impedimento. Más recientemente, Newport ha propuesto la hipótesis del “menos es más” por la que las limitadas capacidades intelectuales de los niños/bebés les permitiría aprender mejor el lenguaje simplificado con que se les habla (1990), Patricia Kuhl ha propuesto el concepto de compromiso neuronal por el que la arquitectura y los circuitos neuronales del infante/niño se desarrollan para maximizar la eficiencia del procesamiento del lenguaje al que el niño está expuesto, y una vez establecida, esta arquitectura impedirá el aprendizaje de aquellos patrones que no se ajusten a lo conocido y aquí es donde entrarían todas las otras lenguas. Experimentos de este mismo laboratorio han demostrado que ya a los 9 meses de edad puede aprenderse una lengua extranjera por primera vez (Kuhl 2003) y que la presencia de seres humanos, del contacto real mejoraba el aprendizaje. La importancia de la interacción social en el aprendizaje/desarrollo del lenguaje puede deberse entre otras razones a que incrementa la atención y el interés, por ejemplo la interacción con padres y tutores dirigía la atención de los bebés hacia las figuras e imágenes que se relacionaban con el nuevo vocabulario añadiendo más información contextual y facilitando por tanto el aprendizaje. Por eso, por mucho que Home English nos venda lo maravilloso de sus métodos de aprendizaje de idiomas lo más efectivo es una interacción real, hacer vivo el lenguaje, crear un contexto social que incremente el interés y facilite el recuerdo por asociación, así que ponte manos a la obra búscate un guiri y llévatelo da cañas, será la clase de idiomas más efectiva (aunque no barata) que puedas conseguir.

Mejor no. Haz como ella, coge las maletas y vete.

 

Pero ¿qué diferencias existen entre el cerebro de personas bilingües y de aquellas que están empezando a aprender un nuevo idioma? ¿puede seguirse mirando a la función y las estructuras cerebrales el progreso en el dominio de una nueva lengua? La respuesta es que sí.

Ya desde finales de los 90 se sabe que existen diferencias en los patrones de activación según la edad a la que se aprende la segunda lengua, en bilingües estudios de PET o RMF muestran una fuerte activación del hemisferio izquierdo para la lengua nativa que se superponen a los patrones de activación de la segunda lengua, sin embargo cuando la segunda lengua se aprende más tarde los circuitos neurales empleados para la segunda lengua difieren de los de la nativa, tienden a estar menos lateralizados y a variar entre individuos (para un resumen de todas las áreas implicadas en el aprendizaje de las distintas formas del lenguaje, recomiendo leer el trabajo de  Neville et al). Asímismo, se ha demostrado que al principio, cuando no se tiene mucho control sobre la segunda lengua (especialmente en semántica y sintaxis, o sea gramática) existe una elevada actividad en el cortex prefontal, especialmente en las áreas del lenguaje y menor activación en la región temporal (1). Diferencias estas que tienden a desparecer a medida que incrementa el dominio de la segunda lengua. En cuanto a cambios estructurales, el trabajo de Stein et al (2010) estudió los cambios estructurales que 5 meses de aprendizaje de alemán en estudiantes cuyo idioma nativo era el inglés y demostraron una correlación entre los cambios estructurales en la materia gris (principalmente compuesta por los somas o cuerpos neuronales/gliales) de la circunvoluciónfrontal inferior izquierda (donde está el  área de Broca) y el incremento en la competencia en la segunda lengua. Sin embargo, en términos absolutos la competencia en el segundo idioma y la ganancia de materia gris no están correlacionados, lo que significa que en el aprendizaje se da una reorganización pero la relación entre estos dos eventos no es directa, no podemos decir que cuánta más materia gris se gane más cerca del bilingüismo estamos. Recordad amiguitos y repetid conmigo: “Correlación no significa causalidad”.

Áreas donde el incremento de densidad de materia gris correlaciona con un incremento de competencia en la segunda lengua. Amarillo (circunvolución frontal izq.) Rojo(lóbulo temporal anterior izq.) Stein et al.

En un último giro de tuerca un artículo aparecido este mismo año propone la posibilidad de predecir la capacidad de parendizaje de una segunda lengua en base a la actividad del circuito caudado-fusiforme en el hemisferio izquierdo para lo que estudiaron un grupo de niños chinos de 10 años que habían empezado a estudiar inglés como segunda lengua a los 6, les pusieron en un escáner (RMF) y midieron los cambios que se produjeron en su capacidad lectora y de comprensión en un año. Encontraron una correlación entre la actividad en estas zonas y la capacidad lectora que además era específica de la segunda lengua con lo que concluyen que es posible emplear estas medidas como proxi de capacidad de aprendizaje. Sin embargo, el chino es un idioma simbólico y al leer se emplean áreas cerebrales diferentes por tanto es de esperar que la ruta de integración para el inglés sea independiente de la del chino. Así que no corrais todavía al escáner porque no va a daros la respuesta del millón: ¿seré capaz de manejarme con el inglés/alemán/francés…o es el momento de claudicar?

Yo a pesar de la maldita curva decreciente pienso seguir confiando en la plasticidad cerebral y en esos encuentros tándem: cervezas+conversación=guirilike in no time.

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