Aquí huele a muerto…o casi

He estado desaparecida unas semanas en el lab pero con suerte el esfuerzo será recompensado y los datos que salgan de este encierro servirán para rellenar las páginas -hasta ahora vacías- de mi tesis. Pero a lo que vamos, vuelvo porque un par de noticias me han dado en las narices y tenía que traerlas porque esto huele de lo más interesante.

Hmmm, ¿qué olores trae el aire?

Aún nieva en Múnich así que hablar de los olores de la primavera parece un poco precipitado. Sin embargo, hay otro tipo de olores de los que según una publicación aparecida recientemente seguro podríamos hablar todos porque están pululando constantemente alrededor nuestro: el olor de la enfermedad.

Históricamente se han usado cambios en el olor corporal para identificar la presencia de ciertas enfermedades como la fiebre tifoidea, que produce un olor semejante al del pan recién hecho o el olor a carne producido por la fiebre amarilla. También en ratones se ha observado que cuando padecen infecciones, desde gusanos intestinales a virus, se produce un cambio en su olor corporal que hace que sean rechazados por sus congéneres. Sin embargo, y dado que los humanos no nos caracterizamos por tener el mejor de los sentidos del olfato, hasta ahora se dudaba si existía un cambio de olor temprano asociado a los procesos infecciosos que sirviera de señal a los otros para evitar el contagio. Una manera indirecta de decir: “aléjense del leproso”. Pues bien, parece que la hay.

Lo que los investigadores del Instituto Karolinska (Suecia) en colaboración con laboratorios americanos hicieron para comprobar si esto era así fue lo siguiente: activaron el sistema inmune de una serie de personas inyectándoles LPS (lipopolisacárido), un componente de la pared celular bacteriana que activa el sistema inmune innato y produce una respuesta inflamatoria para de esta manera ver si se producía un cambio en su olor corporal. Recogieron muestras de éste, después del tratamiento así como después de un tratamiento con placebo (salino) y se las presentaron a otro grupo de personas para ver si eran capaces de notar alguna diferencia. Además, los investigadores tomaron muestras de sangre para analizar los niveles de ciertos factores asociados a la respuesta proinflamatoria como el TNF-alpha (factor de necrosis tumoral) y las interleukinas IL6 e IL8, que también se han visto implicadas en la expresión de olores desagradables en animales tras la exposición a patógenos.

Lo que describen es que tras analizar los datos parece que el olor tras la activación del sistema inmune, incluso en un periodo de tiempo corto (4 horas) produce cambios significativos en el olor que se describe como más intenso y más desagradable que el de los sujetos tratados con placebo. Como un olor aunque sea agradable puede volverse desagradable si es muy intenso -véase esas chicas que se envuelven en una nube de perfume tóxica- analizaron si ésta era una posible causa de la diferencia y encontraron que en el caso de las muestras tratadas con LPS la concentración de sustancias volátiles era menor que en la control (placebo) así que parece razonable suponer que existe una sustancia(s) que cambia el signo de la percepción frente a la enfermedad. Eso si, lo que no fue fácil fue asociar este olor desagradable con un síntoma de mala salud, es decir, que el mal olor sólo serviría como señal indirecta de evitación, aunque la causa real para el alejamiento de la fuente del mal sea desconocida.

En azul los resultados del placebo, en rojo los del LPS. La 1º gráfica muestra la percepción de intensidad, la 2º de agradabilidad (¿existe esa palabra?) y la 3º de enfermedad.

Mediante un análisis estadístico que no me queda demasiado claro parecen excluir la relación de la IL8 con estos cambios en el olor corporal aunque si parece que tanto el TNF-alpha como la IL6 juegan algún tipo de papel en este proceso. Aquí tengo que parar y mencionar que echo en falta experimentos donde realmente demuestren de una manera tácita la relación de dependencia de unos factores y otros así como la identificación del compuesto que sugieren debería estar presente en el sudor y que serviría de señal para los demás para evitar al individuo enfermo.

En resumen, me parece una manera interesante -y sencilla- de conseguir eso que llaman proof of principle, o sea, la prueba del concepto. Demostrar lo fundamental. Ahora queda lo más interesante -para mí- identificar el compuesto, describir las vías por las que se produce y saber cómo de general es el proceso: ¿es el mismo compuesto para todo tipo de infecciones? diría que no, visto los ejemplos de la fiebre, pero quiero más ejemplos ¿comienza a producirse en todos casos en el mismo momento de la infección? etc etc etc

The Scent of Disease: Human Body Odor Contains an Early Chemosensory Cue of Sickness Psychological Science

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