Lo quiero todo.

Hace bastante que no me paso por aquí, pero esta vez tengo una buena excusa y es que tengo un proyecto muy interesante entre manos y que implica escribir, y mucho, así que no me deja mucho en la sesera para exprimir por aquí.

Hoy vengo otra vez a quejarme. A quejarme porque ser mujer, y además ser madre, me impide realizarme profesionalmente en este país de mierda donde vivo. Porque me llegan ofertas profesionales alucinantes que me ponen los dientes largos y me pintan un futuro brillante e interesantísimo pero a los que no puedo aspirar porque tengo un niño (y un novio) en casa y no puedo simplemente armar el petate y dejarlo atrás como el que pide a un amigo que le riegue una planta.

Me siento frustrada, triste y cabreada. Porque ya no se si el error está en mí por creer que no debo renunciar a nada, que puedo hacer malabares con casa y carrera como han hecho las mujeres de mi familia ya desde hace 3 generaciones. Por sentir que se me rompe el corazón de pensar en tener que dejar a mi niñito por tres meses y la cabeza por tener que renunciar a la posible realización de un sueño. Por dejar pasar el tren, y al mismo tiempo saber que no podría simplemente subirme sin mirar atrás. Porque dicen que no se puede estar en misa y repicando, pero resulta que yo no concibo otra forma de vivir y sin mis dos caras, sin mis dos partes, tampoco puedo hacerlo. Quiero ser una persona completa: madre y profesional. ¿es tanto pedir?

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